Hace un par de años mientras tomaba un café un grupo de muchachas entraban a una sala donde se daban clases de alfabetización gratis, mi compañera las miro un momento y me dijo: “como se ve que traen sus mejores trapitos para venir a la ciudad”. No me habría fijado el gran esfuerzo que habían tenido en su atuendo si no fuese por el comentario que había hecho, las mire un segundo llevaban pantalón de mezclilla acampanado a la cintura, sus zapatos escolares maltratados se veían recién boleados, una blusa sencilla y su suéter bordado de mercado que seguramente habían tardado meses en pagar, solo para intentar encajar con gente que cree que puede mirarlas despectivamente porque le da un consuelo sentir que puede ver como aplastan a alguien que no sea el mismo o ella misma.
Aquellas muchachas que trabajan día y noche en casa de los patrones, esperando que llegue el hombre de sus sueños a sacarlas de ese tormentoso trabajo que trata de matarlas y si, encuentran a su buen marido que las llenan de hijos, se gasta la plata en alcohol porque no sabe cómo sacar a su familia adelante y aquella muchacha termina tratando de sacar a sus hijos adelante, haciendo el quehacer por el que antes le pagaban y en un trabajo que termina por matarlas, con el único consuelo de que allá en el otro mundo la vida es mucho mejor. Vive así la madre mexicana siendo obrera, ama de casa, remendando uniformes, vendiendo perfumes, topers, Avon, fuller, natura, zapatos, paletas, buscando un espacio para poner su puesto de chalupas los domingos de feria afuera de la iglesia, haciendo todo tipo de esfuerzos para no tener que mandar al niño de cerillito para terminar de pagar la renta.
El texto de Poniatowska te remite a esta viñeta?
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